En materia de liderazgo, la pregunta que interesa responder no es “¿se hace o se nace?”, sino “¿cómo conducir grupos humanos de manera que sean eficientes y que se sientan satisfechos haciendo su tarea?”. Una persona que conduce un equipo y logra transformarlo en un conjunto de personas que actúan de una manera altamente competitiva, cohesionada, motivada y de acuerdo a valores, es un líder, no importa si nació o se hizo por el camino. El problema está en cómo lograrlo.

Así, lo importante es lo que el líder debe hacer para asegurar condiciones apropiadas, que favorezcan el logro de metas y la satisfacción con lo que hace. Y al hablar de líderes no se trata, en este caso, de personas que producen un impacto significativo sobre la historia o la sociedad; se trata, simplemente, de personas comunes y corrientes, que en algún momento deben conducir equipos de trabajo para lograr objetivos que de otra manera no se alcanzarían través del esfuerzo individual.

El liderazgo ha probado ser la herramienta más relevante a la hora de sobrevivir, competir o incluso, valorizar las organizaciones. Descuidar este aspecto es no tomar en cuenta lo que la investigación y la experiencia han probado que sí hace una diferencia. Un líder eficaz logra comprometer a las personas con valores y metas que condicionan el éxito, ya sea de un equipo de trabajo o de una toda una gran corporación.

Un líder es una persona que hace una diferencia en el desempeño de un equipo, pero no tan sólo cuando está presente (se puede lograr eficiencia a punta de pistola o con un látigo en la mano), sino también cuando no está supervigilando el trabajo del equipo. Y ésta es la clave: debe influir no tan sólo sobre las conductas de las personas (desempeño observado), sino más que nada sobre sus actitudes y sentimientos (aspectos no observables del comportamiento). Son estos últimos aspectos los que permiten que las personas continúen desempeñándose en forma comprometida, aún cuando no están siendo sometidas a un control externo estricto. El ideal para un líder debería ser, entonces, desarrollar a las personas para que alcancen este nivel de autonomía y automotivación generando equipos de alto rendimiento.

Humberto Martín P.
Psicólogo , MBA
Director Gerente Gestar

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